En la identificación por radiofrecuencia, la etiqueta RFID detecta un pulso electromagnético mediante su antena y lo transmite al microchip para procesar la señal. Este impulso es devuelto instantáneamente al emisor con las variables y datos críticos programados en la memoria del chip.
La simultaneidad y rapidez de lectura (hasta 1.000 por segundo) eliminan cuellos de botella, reduciendo costes y esfuerzo operativo. Mediante dispositivos PDA, es posible realizar el control de inventario en tiempo real y localizar activos individualmente gracias al identificador único (UID) de cada etiqueta.